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La música medieval comprende toda la melodía europea compuesta durante el tiempo de la Época Promedio, esto es, alrededor entre la Disminución del Imperio romano de Oeste en 476 y el siglo XV, centuria cuya melodía suele ya clasificarse como propia del Renacimiento.

La única melodía medieval que fue escrita es la ligada a la Fortaleza y las instituciones eclesiásticas, como monasterios, y en pequeño patrón la profana creada en los círculos aristocráticos. Estas tradiciones manuscritas reflejan marginalmente la melodía común de aquella era.

Música Medieval

La historiografía musical medieval suele conservar la melodía medieval en tres grandes repertorios:

  • El canto llano o monodia devota, popularmente denominado canto gregoriano. Es con gran oposición el reparto medieval más ancestral y campechano, e incluye la gran generalidad de melodía litúrgica cristiana de la edad que se confitura. Es melodía estrictamente verbal, de ritmo destapado, compendio latino y escrita a una sola voz.
  • La melodía profana o música de trovadores. De representación igualmente monódica y verbal, fue creada en ambientes aristocráticos y con textos en lugar vernácula; sus autores son llamados trovadores (si escribían en langue d’oc o lemosín), troveros (en langue d’oïl o gabacho ancestral) o Minnesänger (en germano). Su temática suele ser amorosa y, aunque su ortografía es analógico a la del canto gregoriano, era interpretada con figurantes instrumental y cuadrante restringido.
  • La polifonía, melodía escrita a varias voces y que surge por cambio de las anteriores durante la Disminución Existencia Promedio, delantero en el alcance piadoso y después igualmente en el mundano.

La acritud de las condiciones de sucesos y la exclusiva de la civilización escrita por la Fortaleza explican que las fuentes musicales escritas que nos han llegado de la Época Average sean muy escasas (por no afirmar inexistentes) durante los primeros siglos, y nada más religiosas hasta finales del siglo XI: la actuación central de la música era la defensa divina, y la supremacía cultural de la Fortaleza, especialmente de las abadías, estaba garantizada por el grotesco altura de alfabetización, y, pequeño los carolingios, por el pedestal de la aptitud político. Gran parte de la Época Average, la decadencia de los carolingios (987) coincide con el amanecer de la información civilización; es el momento en que la música “culta” occidental sucede a las tradiciones musicales antiguas.

Tras siglos de omisión (Rousseau no vio en las catedrales estrella “residuos de desatino y de mal afinidad” y Victor Hugo quiso ajustar a sus contemporáneos de que la melodía occidental comenzó con Palestrina) la melodía de la Época Average sería redescubierta y estudiada a entraña a salir de mediados e asimismo exclusivamente desde el pequeño dormitorio del siglo XIX.

La monodia puritana: música litúrgica cristiana en la Época Average

La transición de la Pasado a la Época Average

Desde sus inicios, el culto cristiano y su melodía estuvieron marcadas por su raza en la arraigo judía (canto de la sinagoga), al que llego a solidarizarse la energía griega y balanza, incluidas su argumento musical y su resignación.

La revolución indefinido de que se hicieron propagandistas los primeros apóstoles del cristianismo no se extendió estrella despaciosamente, hasta que últimamente la religión cristiana fue adoptada oficialmente por el Imperio Romano, imponiéndose en Oeste el latín como lado de la ceremonia. El canto sagrado se usará como útil de construcción y instrucción beata, y asume un recital complemento para la prosperidad. Las celebraciones religiosas de los primeros cristianos llegaron poco a poco conformando un novicio andóbal de elocución musical austera, puramente verbal (se prohibía el uso de utensilios musicales a servicios religiosos) y monódica, esto es, a una sola voz (aunque podía ser interpretada coralmente).

Los primeros cantos litúrgicos tenían dos estilos principales:

  • La cantinela, consistente en el recitado de versículos de salmos, para el que se usaban diversas fórmulas melódicas fijas (cuna de los modos medievales). Por lo que precede y a posteriori de (asimismo entre) los versículos del himno se cantaba una antífona, de corriente más elaborada, a manera de verso.
  • La himnodia, consistente en melodías y textos de anuncio génesis y clase más analógico al consistorio. San Ambrosio de Milán hizo amplio uso de los himnos.

Ya en estos primeros cantos litúrgicos se usaron formas de cumplimiento a posteriori habituales en el canto gregoriano, como la responsorial (el coral rebate a un solista) o la antifonal (2 coros separados se alternan en el canto).

Las liturgias regionales: escuelas de canto

Cada división europea desarrolló singular su puro canto, compendio y reglas de hecho, como fase de fundamentos a la ceremonia territorial usada para ensalzar la ceremonia o el ocupación. Las liturgias regionales occidentales más importantes fueron la romana, laambrosiana (cerca de Milán), la beneventana (sur de Italia), la hispánica o mozárabe (practicada por los cristianos pequeño ámbito islamita, con centro en Toledo), la galicana (en la Galia) y la céltica o irlando-británica.

Al rededor del año 800 el Imperio Carolingio y la Fortaleza Católica Romana se propusieron ordenar la celebre del culto y los cantos en Oeste. En esa edad, Roma era el loco piadoso de la Europa occidental y Aquisgrán era el loco político. Los esfuerzos de fusión consistieron principalmente en conciliar estas dos regiones litúrgicas (romana y galicana), creando un organismo solemne y de cantos que vendría después a llamarse canto gregoriano, por usurpar su reorganización (e asimismo la tonada de melodías) al papa Gregorio Magno, a pena de que naciente había vivido dos siglos por lo que precede. En dirección a los siglos XII y XIII la ceremonia gregoriana había sustituido a todas las otras tradiciones de cantos occidentales, con la anomalía del canto ambrosiano en Milán y los cantos mozárabes en unas pocas capillas hispanas.

El canto gregoriano

A finales del siglo VI el papa Gregorio I Magno dirigió una reordenación, perfeccionamiento y compendio de la ceremonia romana, continuada por sus sucesores, que incluía una conformación más plana y sencilla de las melodías (canto romano ancestral y novicio). La federación papal con la monarquía carolingia representación de Pipino y a posteriori de Carlomagno (segunda parte del siglo VIII) logró consignar en Oeste una centralización de la distribución, la jurisprudencia canónico y la ceremonia, cuyo equipo de cantos, basado en esa progresiva perfeccionamiento aludido, se vinculó una partida legendariamente a Gregorio I y fue denominado gregoriano. Desde entonces hasta al diferente el siglo XVI el canto gregoriano fue la expresión musical más difundido e influyente en el planeta occidental (y de acto se mantuvo válido hasta 1965 como equipo funcionario ideal de la ceremonia católica).

Fue justamente en la edad carolingia (ca. 800) y para pregonar ese reparto, cuando se comenzó a servirse pegado a los textos una comunicación apariencia de puntuación musical silábica, la neumática, que, aunque imprecisa en ritmo y altura, ayudaba a semejar las melodías del catálogo. Luego sus signos, llamados neumas, serían insertados en un tetragrama, que así ya sí precisaba la altura de los sonidos.

Aunque los primeros textos descifrables y completos datan de inicios del siglo IX, y una gran sección de las melodías que conocemos fueron transcritas de manuscritos además posteriores (especialmente de los siglos XII y XIII), hemos de suponer que muchas piezas debían de caminar en uso desde hacía abundante existencia cuando fueron anotadas. Lo que la puntuación nos ha entregado es, verosímilmente, una arraigo establecida en los siglos VIII y IX, y fortalecida por la gobernante imperial y pontificia: los redactores de los manuscritos con neumas no pudieron hacer referencia estrella a una expresión sancionado por la Fortaleza, de manera que el saliente equipo carolingio o romano galicano representa ya, sin sospecha, una cierta pasado en certificación con las melodías de las liturgias anteriores.

Las características principales del canto gregoriano son:

  • Es música práctico, nada más destinada a la ceremonia cristiana (culto y acondicionamiento).
  • Es un canto monódico.
  • Su obra está en latín.
  • El ritmo (llamado abierto) va enlazado al compendio y no tiene un pulso predeterminado.
  • Se canta sin compañía instrumental y asiduamente únicamente con voces masculinas.

El catálogo gregoriano, amplísimo, puede ser clasificado según diversos criterios.

Por su expresión musical en torno a ornamentado, puede clasificarse en accentus, recitaciones litúrgicas estereotipadas basadas en una sola aclaración (tuba), usadas en las recitaciones litúrgicas del prior; y concentus, cantos propiamente dichos, que según su certificación entre acento y compendio se clasifican a su vez en:

  • Silábicos: si canta una sola aclaración en cada sílaba del compendio.
  • Neumáticos: si cada sílaba tiene entre dos y tres notas, generalmente anotadas con un unico neuma.
  • Melismáticos: el canto más confuso y ornamentado, en el que cada sílaba del compendio está adornada por varias notas distintas, a veces muy numerosas (melismas).

Por su lado de representación los cantos suelen ser clasificados en tres categorías:

  • De expresión natural: son cantados íntegramente por el o los mismos cantores, sea un solista o un coral.
  • Responsoriales: el coral argumenta (responsorio) con una índole de verso al canto del solista. Por excelencia, era practicada en la cantinela (cantinela responsorial), en la que el coral cantaba la antífona y el solista entonaba, con exceso de aparejo, cada versículo de un himno.
  • Antifonales (no necesariamente relacionado con la antífona como obra musical): dos coros de analógico volumen se responden o alternan, por excelencia cantando versículos consecutivamente.

Por su uso solemne, el equipo puede clasificarse entre cantos de la culto y del acondicionamiento.

  • Los cantos de la culto incluyen dos subtipos:

  1. Cantos del Ordinario, de compendio invariable (Kyrie, Paraíso, Credo, Sanctus, Benedictus y Agnus Dei). Son cantados por el coral de fieles o por la schola cantorum (coral especializado).
  2. Cantos del Propio, como por excelencia el Paulatino o el Tracto, cuyo compendio cambia día a día. Podemos estimar en ellos recitativos (reservados a los sacerdotes; suelen ser muy sencillos aunque elegantes, tienen una cuna muy ancestral y, probablemente, han conservado lo central de su disposición anticuado) y aclamaciones (por el coral de los fieles; probablemente espontáneas al comienzo y muy sencillas, fueron refinándose y se hicieron rituales).
  • Por su sección, los cantos del acondicionamiento se usan en las diversas horas de bendición (Laudes, Prima, Tercera, Sexta, Nona, Vísperas y Completas).

Por pequeño, podemos conservar las piezas del equipo gregoriano según su cuna, reflejado en su fase musical, en dos grandes grupos: piezas de cuna salmódico y piezas versificadas.

  • Las piezas de casta salmódico pueden clasificarse así:

  1. Responsos: estribillos y estrofas con los que el coral rebate a los versículos del himno, cantados por el solista. Primitivamente breves, silábicos e inseparables del himno, los responsos se han convertido en grandes piezas con vocalizaciones, generalmente en tres momentos (muletilla, uno o varios versículos del himno, verso).
  2. Antífonas: estribillos silábicos introducidos en el canto posible de los salmos, como preludio, postludio e interludio. Dos semicoros cantan los versículos alternativamente (antífonas) y se unen para contagiar la antífona.
  3. Tractos: salmos, o recortes de salmos cantados seguidos, sin repetición alguna ni estribillos, únicamente para el solista. Son piezas ornamentales con ricas vocalizaciones, que se sitúan entre las lecturas de la ceremonia, principalmente durante la existencia pascual.
  • En cuanto a las piezas versificadas, consisten en himnos. Primitivamente en prosa y de una faceta análoga a la de los salmos, se compusieron a posteriori en repetición, a salir de San Ambrosio; estas piezas estróficas constituyen un equipo primoroso pomposo, cuya acogida en la cristiandad fue extraordinario. Más tarde se consideraron himnos unos cantos religiosos (e igualmente profanos) consagrados a la apología, sin ninguna certificación con los himnos “ambrosianos” o “gregorianos”.

Tropos, secuencias y dramas litúrgicos

Pudiente un equipo invariable burócrata en la edad carolingia, la creatividad musical en la monodia beata quedó circunscrita a la decoración de determinados cantos, en especial algunos de la ceremonia y exclusivamente en las fiestas solemnes. Tal embellecimiento (encima de en la ejercitación de la polifonía, que veremos más delante) consistió fundamentalmente en la inserción de nuevos melismas o asimismo nuevos textos en las antiguas melodías del equipo, entrenamiento denominada tropo. Un modo especial de tropo, esforzado al Aleluya, fue denominado secuencia.

Hay tres formas de tropo:

  • Los consistentes en incluir recortes melódicos inventados, ajenos al equipo insólito gregoriano, como melismas en el interior de una obra inicial, como por excelencia un Kyrie. El tema melódico introducido era probablemente en algunas ocasiones de raza global.
  • La dedicación de un nuevo libro a una melisma previa, técnica atribuida por Notker Balbulus a monjes procedentes de Jumiège (siglo IX) como recurso nemotécnico para proteger a los cantores a semejar las células melódicas sucesivas. Un paradigma sería el Kyrie “Fons bonitatis” del Ms. 383 de San Gabacho.
  • La interpolación de libro nuevo con melodía  de novedad.

Un tipo especial de tropo, el esforzado al melisma de la última sílaba del Aleluya (el llamado Jubilus), se practicó muy extensamente hasta el hábitat de gestarse una notificación estado musical con textos y melodías muy elaborados, la escena, que históricamente fue desarrollada en tres fases:

  • Escena clásica, (850-1050), especialmente en San Gabacho y San Luchador de Limoges: solía estribar en versículos dobles (apariencia IAABBCC…).
  • Suceso rimada (desde el siglo XII): se independiza del Aleluya, y se crean nuevos poemas medidos rimados en consonante con melodías nuevas.
  • Ámbito estrófica (desde el siglo XIII), en la que la canción es repetida con diversas estrofas de compendio, por excelencia con circunstancia musical AABBCCAABBCCAABBCC.

Aunque llegaron a escribirse cinco mil secuencias, el Acoplamiento de Trento fijó para su uso exclusivamente cuatro, de las cuales la más famosa es el Dies Irae, ámbito estrófica de Tomás de Celano (s. XIII) para la ceremonia de difuntos; en el futuro se añadió una quinta, el Stabat Mater. Además, el lai profano y la espantada instrumental asumieron la apariencia musical de la escena.

Como pequeño tipo particular de tropo hay que exponer los dramas litúrgicos, nacidos a provenir de los tropos del Introito de Pascua y Nacimiento, desde los que se desarrollaron diálogos cantados y a posteriori pequeñas representaciones sacras independientes, como los llamados misterios, el Ludus Danielis o, ya en extremo soez, el Auto de los Reyes Magos.

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